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Y lo único que podía hacer es sollozar. Recostada en el sucio suelo del lavabo de aquella discoteca, Pau tan sólo tenía las fuerzas necesarias para dejar que las turbulencias que azotaban su corazón surgieran a la superficie en forma de lágrimas. Su pecho se contraía y se expandía de forma arrítmica. Se sentía agotada y más embrutecida que el inodoro donde había regurgitado una mezcla de alcohol, pastillas y bilis. Intentó incorporarse pero las piernas le fallaron y volvió a caer sobre una alfombra de colillas y flyers. “¿Cómo había llegado hasta ese extremo?”, se preguntaba mientras en su mente se superponían imágenes corruptas, llenas de flashes, colores intensos y frenético movimiento. La música house, amortiguada por la puerta del servicio de aquel local, se mezclaba con la risa histérica de un visitante de los urinarios contiguos. “Alicia, 2/02/02”, leyó a duras penas, con los ojos humedecidos y la respiración entrecortada, en la superficie de la lámina de acero que la protegía del exterior. “Alicia extraviada en el País de las Maravillas”, pensó y no pudo contener un nuevo ataque de llanto, esta vez más amargo y más violento, como si en aquel compartimiento de evacuación de desperdicios humanos ella tuviera la obligación de expulsar toda la angustia que habían intentado enmascarar todas las Alicias que habían sido atrapadas en aquel mundo de irrealidad y diseño.
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.: Play :. "Alicia (expulsada al País de las Maravillas)" Bunbury
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